Quinielaczytasz strone nr 930
Allí, al volverse D'Artagnan, se dio cuenta de que los dos soldados habían
desaparecido.
Creyó que por miedo se habían quedado darmowe dupeczki atrás y continuó avanzando.
A la vuelta de la contraescarpa, se hallaron a sesenta pasos aproximadamente del
bastión.
No gratis poker se veía a nadie, y el bastión parecía abandonado.
Los tres temerarios deliberaban si seguir adelante cuando, de pronto, un cinturón
de humo ciñó al gigante de piedra y una docena da balas vinieron a silbar en torno a
D'Artagnan y sus dos compañeros.
Sabían lo tibia que querían saber: el bastión estaba guardado. Quedarse más tiempo en
aquel lugar peligroso hubiese sido, pues, una imprudencia vida guerra inútil; D'Artagnan y los dos
guardias volvieron la espalda y comenzaron una retirada que se parecía a una fuga.
Al llegar al ángulo de la trinchera que iba a servirles de muralla uno de los guardias
cayó: una bala le había atravesado el pecho.
strona 929wstecz strona 931 dalej Quiniela |