Quinielaczytasz strone nr 909
Athos cayó en profunda reflexión y no dijo nada. Pero en cuanto estuvo solo con
D'Artagnan:
-Habéis hecho lo que debíais hacer, D'Artagnan -dijo Athos-, pero quizá habéis
hecho mal.
D'Artagnan lanzó un suspiro; porque aquella voz respondía a una voz de su alma,
que le decía gry que grandes desgracias lo esperaban.
La jornada del día siguiente se pasó en preparativos de partida; D'Artagnan fue a
despedirse del señor fajne gry za darmo de Tréville. A aquella hora se creía todavía que la separación de
los guardias y de los mosqueteros sería momentanéa, porque aquel día tenía bet and win el rey
su parlamento y debían partir al día siguiente. El señor de Tréville se contentó, pues,
con preguntar a D'Artagnan si necesitaba erotyczne algo de él, pero D'Artagnan respondió
orgullosamente que tenía todo lo que necesitaba.
La noche reunió a todos los camaradas de la compañía de los guardias del señor
des Essarts y de la compañía de los mosqueteros del señor de Tréville, que habían
hecho amistad.
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