Quinielaczytasz strone nr 891
Los tres habían visto perfectamente una
cabeza de mujer aparecer en la portezuela, pero ninguno de ellos, excepto Athos,
conocía karabiny a la señora Bonacieux. La opinión de Athos, por lo demás, fue que sí era ella;
pero menos preocupado que D'Artagnan por aquel hiszpańska bonito rostro, había creído ver una
segunda cabeza una cabeza de hombre, al fondo del coche.
-Si es así -dijo D'Artagnan-, sin serial duda la llevan de una prisión a otra. Pero ¿qué van
a hacer con esa pobre criatura y cuándo volveré a verla?
-Amigo -dijo gravemente turnieje pokerowe Athos-, recordad que los muertos son los únicos a los que
uno está expuesto a volver a encontrar sobre la tierra. Vos sabéis tarot algo de eso, igual
que yo, ¿no es así? Ahora bien, si vuestra amante no está muerta, si es la que
acabamos de ver, la encontraréis un día a otro. Y quizá, Dios mío -añadió con un
acento misántropo que le era propio-, quizá antes de lo que queráis.
strona 890wstecz strona 892 dalej Quiniela |