Quinielaczytasz strone nr 817
La espera de Ketty no fue larga. Apenas D'Artagnan hubo visto por el agujero de la
cerradura de su armario que todo erotyczne el piso estaba en la oscuridad cuando se lanzó de
su escondite en el momento mismo en que Ketty cerraba la puerta de comunicación.
-¿Qué zakłady es ese ruido? -preguntó Milady.
-Soy yo -dijo D'Artagnan a media voz-, yo, el conde de Wardes.
-¡Oh, Dios mío, Dios mío! playboy modelki -murmuró Ketty-. No ha podido esperar siquiera la hora
que él mismo había fijado.
-¡Y bien! -dijo Milady con una voz teksty piosenek temblorosa-. ¿Por qué no entra? Conde, conde
-añadió-, ¡sabéis de sobra que os espero!
A esta llamada, D'Artagnan alejó fantasy suavemente a Ketty y se precipitó en la habitación
de Milady.
Si la rabia y el dolor deben torturar su alma, ésa es la del amante que recibe bajo
un nombre que no es el suyo protestas de amor que se dirigen a su afortunado rival.
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