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-¡Cómo, señor! -exclamó Bazin-. ¿Tan caro se vende un poema? ¡Es increble! Oh,
señor, haced- cuantos queráis, podéis convertiros en el émulo suczki del señor de Voiture y


del señor de Benserade. También a mí me gusta esto. Un poeta es casi un abate.
¡Ah, señor Aramis, meteos, pues, modne fryzury a poeta, os lo suplico!
-Bazin, amigo mío -dijo Aramis-, creo que os estáis mezclando en la conversación.
Bazin comprendió que se había equivocado; broń bajó la cabeza y salió.
-¡Vaya! -dijo D'Artagnan con una sonrisa-. Vendéis vuestras producciones a peso
de oro, sois muy afortunado, amigo party poker mío; pero tened cuidado, vais a perder esa carta
que sale de vuestra casaca, y que sin duda también es de vuestro librero.
Aramis se puso rojo teksty piosenek hasta el blanco de los ojos, volvió a meter su carta y a
abotonar su jubón.
-Mi querido D'Artagnan -dijo-, vayamos si os parece en busca de nuestros amigos;
y puesto que soy rico, hoy volveremos a comer juntos a la espera de que vos seais
rico en otra ocasión.

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