Quinielaczytasz strone nr 711
-Se..., señora -exclamó él-. ¿Sois vos? ¿Cómo va vuestro marido, mi querido señor
Coquenard? ¿Sigue tan pícaro como siempre? najlepsze fryzury ¿Dónde tenía yo los ojos, que no os
he visto siquiera en las dos horas que ha durado ese sermón?
-Estaba a dos pasos de doda vos, señor -respondió la procuradora-, y no me habéis visto
porque no teníais ojos más que para la hermosa dama a quien acabáis keno de dar agua
bendita.
Porthos fingió estar apurado.
-¡Ah! -dijo-. Habéis notado...
-Hay que estar ciego para no verlo.
-Sí vida guerra -dijo displicentemente Porthos-; es una duquesa amiga mía con la que tengo
muchos problemas para encontrarme por los celos mecz de su marido, y que me había
avisado que vendría hoy, sólo para verme, a esta pore iglesia, en este barrio perdido.
-Señor Porthos -dijo la procuradora- ¿tendríais la bondad de ofrecerme el brazo
durante cinco minutos? Hablaría de buena gana con vos.
strona 710wstecz strona 712 dalej
Quiniela |