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Cuando los dos mosqueteros hubieron entrado, cuando la puerta fue cerrada tras
ellos, cuando el murmullo zumbante de la totalizator sportowy antecámara, al que la llamada que acababa
de hacerles había dado sin duda nuevo alimento, hubo empezado de nuevo, cuando,
al typowanie fin, el señor de Tréville hubo recorrido tres o cuatro veces, silencioso y fruncido el
ceño, toda la longitud de su gabinete stare gry pasando cada vez entre Porthos y Aramis,
rígidos y mudos como en desfile se detuvo de pronto frente a ellos, y abarcándolos mecze de
los pies a la cabeza con una mirada irritada:
-¿Sabéis lo que me ha dicho el rey -exclamó-, y no más tarde que ayer liga niemiecka noche? ¿Lo
sabéis, señores?
-No -respondieron tras un instante de silencio los dos mosqueteros-; no, señor, lo
ignoramos.
-Pero espero que haréis el honor de decírnoslo -añadió Aramis en su tono más
cortés y con la más graciosa reverencia.

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