Quinielaczytasz strone nr 655
Los dos gentileshombres estaban exasperados, habían hecho un largo viaje y se
morían de hambre y de sed.
-Pero esto poker es una tiranía -exclamaban ellos en muy buen francés, aunque con
acento extranjero-, que ese loco no quiera dejar a gry karciane estas buenas gentes usar su vino.
Vamos a hundir la puerta y, si está demasiado colérico, pues lo matamos.
-¡Mucho keno cuidado, señores! -dijo D'Artagnan sacando sus pistolas de su cintura-. Si
os place, no mataréis a nadie.
-Bueno, typy meczy bueno -decía detrás de la puerta la voz tranquila de Athos-, que los dejen
entrar un poco a esos traganiños, y ya veremos.
Por muy valientes que parecían ser, los dos gentileshombres se miraron dudando;
se hubiera dicho que había en aquella bodega uno de esos ogros famélicos,
gigantescos héroes de las leyendas populares, cuya caverna nadie fuerza
impunemente.
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