Quinielaczytasz strone nr 646
-Bueno, dos palabras os devolverán la memoria. ¿Qué habéis hecho del
gentilhombre al que tuvisteis la audacia, hace quince días poco gry do pobrania más o menos, de
intentar acusarlo de moneda falsa?
El hostelero palideció, porque D'Artagnan había adoptado la actitud más
amenazadora, liga hiszpańska y Panchet hacía lo mismo que su dueño.
-¡Ah, monseñor, no me habléis de ello! -exclamó el hostelero con su tono de voz
más lacrimoso-. first place Ah, señor, cómo he pagado esa falta. ¡Desgraciado de mí!
-Y el gentilhombre, os digo, ¿qué ha sido de él?
-Dignaos escucharme, monseñor, typy y sed clemente. Veamos, sentaos, por favor.
D'Artagnan, mudo de cólera y de inquietud, se sentó amenazador como un juez.
Planchet maszyny losowe se pegó orgullosamente a su butaca.
-Esta es la historia, Monseñor -prosiguió el hostelero todo tembloroso-, porque os
he reconocido ahora: fuisteis vos el que partió cuando yo tuve aquella desgraciada
pelea con ese gentilhombre de que vos habláis.
strona 645wstecz strona 647 dalej
Quiniela |