Quinielaczytasz strone nr 606
-¿Vos molestarme? ¡Oh! Todo lo contrario, querido amigo, os lo juro; y como
prueba de lo que digo, permitidme que me alegre książki fantasy de veros sano y salvo.
«¡Ah, por fin se acuerda! -pensó D'Artagnan-. No va mal la cosa.»
-Porque el señor, que es mi amigo, poker acaba de escapar a un rudo peligro -continuó
Aramis con unción, señalando con la mano a D'Artagnan a los dos eclesiásticos.
-Alabad doda a Dios, señor -respondieron éstos inclinándose al unísono.
-No he dejado de hacerlo, reverendos -respondió el joven devolviéndoles multilotek a su vez
el saludo.
-Llegáis a propósito, querido D'Artagnan -dijo Aramis-, y vos vais a iluminarnos,
tomando parte en la znane discusión, con vuestras lutes. El señor principal de Amiens, el
señor cura de Montdidier y yo, argumentamos sobre ciertas cuestiones teológicas
cuyo interés nos cautiva desde hace tiempo; yo estaría encantado de contar con
vuestra opinión.
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