Quinielaczytasz strone nr 605
-Buenos días, querido D'Artagnan -dijo Aramis-;creed que me alegro de veros.
-Y yo también -dijo D'Artagnan-, maszyny losowe aunque todavía no esté muy seguro de que sea a
Aramis a quien hablo.
-Al mismo, amigo mío, al mismo; pero ¿qué texas holdem os ha podido hacer dudar?
-Tenía miedo de equivocarme de habitación, y he creído entrar en la habitación de
algún zasady pokera hombre de iglesia; luego, otro error se ha apoderado de mí al encontraros en
compañía de estos señores: que estuvieseis mistrzostwa świata gravemente enfermo.
Los dos hombres negros lanzaron sobre D'Artagnan, cuya intención comprendieron,
una mirada rpg casi amenazadora; pero D'Artagnan no se inquietó por ella.
-Quizá os molesto, mi querido Aramis -continuó D'Artagnan- porque, por lo que veo,
estoy tentado de creer que os confesáis a estos señores.
Aramis enrojeció perceptiblemente.
strona 604wstecz strona 606 dalej
Quiniela |