quiniela

strona 670
strona 680
strona 690
strona 700
strona 710
strona 720
strona 730
strona 740
strona 750


Quiniela

czytasz strone nr 586



-Entonces, ¿por qué no habéis hecho que os lleven a París? Debéis aburriros
cruelmente aquí.
-Era mi intención, pero, querido amigo, es preciso que os confiese una cosa.
- Cuál?
- Es texas holdem que, como me aburría cruelmente, como vos decís, y tenía en mi bolsillo las
sesenta y cinco pistolas que vos me habéis dado, para distraerme hice subir a mi
cuarto a un gentilhombre que estaba liga polska de paso y al cual propuse jugar una partidita de
dados. El aceptó y, por mi honor, mis sesenta y cinco pistolas pasaron de mi bolso al
suyo, además de mi caballo, que encima se llevó por damenschuhe añadidura. Pero ¿y vos, mi
querido D'Artagnan?


-¿Qué queréis, mi querido Porthos? No se puede ser afortunado en todo -dijo
D'Artagnan-; ya sabéis el proverbio: «Desgraciado en el juego, gry logiczne afortunado en
amores.» Sois demasiado afortunado en amores para que el juego no se vengue;
pero ¡qué os importan a vos los reveses de la fortuna! ¿No tenéis, maldito pillo que
sois, no tenéis fodbold a vuestra duquesa, que no puede dejar de venir en vuestra ayuda?
-Pues bien, mi querido D'Artagnan, para que veáis mi mala suerte -respondió
Porthos con el aire más desenvuelto del mundo-, le escribí que me enviase cincuenta
luises, de los que estaba absolutamente necesitado dada la posición en que me
hallaba.

strona 585wstecz
strona 587 dalej

Quiniela