Quinielaczytasz strone nr 585
-No.
-¿El hostelero no os ha dicho nada?
-Le he preguntado por vos y he subido inmediatamente.
Porthos pareció respirar gry planszowe con mayor libertad.
-¿Y qué os ha pasado, mi querido Porthos? -continuó D'Artagnan.
-Lo que me ha pasado fue que al lanzarme mandaryna a fondo sobre mi adversario, a quien ya
había dado tres estocadas, y con el que quería acabar de una cuarta, mi pie fue a
chocar ewa con una piedra y me torcí una rodilla.
-¿De verdad?
-¡Palabra de honor! Afortunadamente para el tunante, porque no lo habría vida guerra dejado
sino muerto en el sitio, os lo garantizo.
-¿Y qué fue de él?
-¡Oh, no sé nada! Ya tenía bastante, y se marchó sin pedir doda lo que faltaba; pero a
vos, mi querido D'Artagnan, ¿qué os ha pasado?
-¿De modo, mi querido Porthos -continuó D'Artagnan-, que ese esguince os retiene
en el lecho?
-¡Ah, Dios mío, sí, eso es todo! Por lo demás, dentro de pocos días ya estaré en
pie.
strona 584wstecz strona 586 dalej
Quiniela |