Quinielaczytasz strone nr 464
D'Artagnan registró el bolsillo en que había visto poner la orden de paso y la cogió.
Estaba a nombre del conde de jednoręki bandyta Wardes.
Luego, lanzando una última ojeada sobre el hermoso joven, que apenas tenía
veinticinco años y al que dejaba tokio hotel allí tendido, privado del sentido y quizá muerto, lanzó
un suspiro sobre aquel extraño destino que lleva a los hombres książki a destruirse unos a
otros por intereses de personas que les son extrañas y que a menudo no saben
siquiera que existen.
Pero kulki muy pronto fue sacado de estas cavilaciones por Lubin, que lanzaba aullidos y
pedía ayuda con todas sus fuerzas.
Planchet totalizator sportowy le puso la mano en la garganta y apretó con todas sus fuerzas.
-Señor -dijo- mientras lo tenga así, no gritará, de eso estoy seguro; pero tan pronto
como lo suelte, volverá a gritar. Es, según creo, normando, y los normandos son
cabezotas.
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