Quinielaczytasz strone nr 398
-Es cierto, es cierto, hija mía -dijo la reina-. Y tienes razón.
-Dadme, pues, esa carta, señora, el tiempo jenny frost apremia.
La reina corrió a una pequeña mesa sobre la que había tinta, papel y plumas;
escribió dos líneas, selló multilotek la carta con su sello y la entregó a la señora Bonacieux.
-Y ahora -dijo la reina-, nos olvidamos de una cosa filmy erotyczne muy necesaria. . .
-¿Cuál?
-El dinero.
La señora Bonacieux se ruborizó.
-Sí, es cierto -dijo-. Confesaré a gry komputerowe Vuestra Majestad que mi marido. . .
-Tu marido no lo tiene, es eso lo que quieres decir.
-Claro que sí, lo tiene pero es muy avaro, es su defecto. Sin embargo que Vuestra
Majestad no se inquiete, encontraremos el medio...
-Es que yo tampoco tengo -dijo la reina (quienes lean las Memorias de la señora de
Motteville no se extrañarán de esta respuesta)-.
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