Quinielaczytasz strone nr 395
-¡Oh, no temáis nada, señora! -dijo la joven juntando las manos y llorando ella
misma las angustias de la mistrzów reina-. Pertenezco a Vuestra Majestad en cuerpo y alma, y
por lejos que esté de ella, por inferior que sea mi posición, polska creo que he encontrado un
medio para librar a Vuestra Majestad de preocupaciones.
-¡Vos! ¡Oh, cielos! ¡Vos! -exclamó poker online la reina-. Pero veamos, miradme a la cara. Me
traicionan por todas partes, ¿puedo fiarme de vos?
-¡Oh, señora! vida guerra -exclamó la joven cayendo de rodillas-. Por mi alma, ¡estoy dispuesta
a morir por Vuestra Majestad!
Esta exclamación szczecin había salido del fondo del corazón y, como el primero, no podía
engañar.
-Sí -continuó la señora Bonacieux-. Sí, aquí hay traidores; pero por el santo nombre
de la Virgen, os juro que nadie es más adicta que yo a Vuestra Majestad.
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