Quinielaczytasz strone nr 394
La Porte no podía abandonar
el Louvre. No tenía a nadie en el mundo en quien fiarse.
Por eso, en presencia de la modelki desgracia que la amenazaba y del abandono que era el
suyo, estalló en sollozos.
-¿No puedo yo servir para nada a Vuestra piosenek teksty Majestad? -dijo de pronto una voz llena
de dulzura y de piedad.
La reina se volvió vivamente, porque no había motivo guerra vida para equivocarse en la
expresión de aquella voz: era una amiga quien así hablaba.
En efecto, en una de las puertas gry online que daban a la habitación de la reina apareció la
bonita señora Bonacieux; estaba ocupada en colocar los vestidos y darmowe sondy la ropa en un
gabinete cuando el rey había entrado; no había podido salir, y había oído todo.
La reina lanzó un grito agudo al verse sorprendida, porque en su turbación no
reconoció al principio a la joven que le había sido dada por La Porte.
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