Quinielaczytasz strone nr 369
-Señor cardenal, ya me habéis oído: quiero esas cartas.
-No habría más que un medio.
- ¿Cuál?
-Sería encargar de esta misión znane nago al señor guardasellos Séguier. La cosa entra por
entero en los deberes de su cargo.
-¡Que envíen a buscarlo ahora mismo!
-Debe czary estar en mi casa, sire; hice que le rogasen pasarse por allí, y cuando he
venido al Louvre he dejado la orden de hacerle esperar erotyczne si se presentaba.
-¡Que vayan a buscarlo ahora mismo!
-Las órdenes de Vuestra Majestad serán cumplidas, pero...
-¿Pero qué?
-La apuestas reina se negará quizá a obedecer.
-¿Mis órdenes?
-Sí, si ignora que esas órdenes vienen del rey.
-Pues bien para que no lo dude, modne fryzury voy a prevenirla yo mismo.
-Vuestra Majestad no debe olvidar que he hecho todo cuanto he podido para
prevenir una ruptura.
-Sí duque, sé que vos sois muy indulgente con la reina, demasiado indulgente
quizá, y os prevengo que luego tendremos que hablar de esto.
strona 368wstecz strona 370 dalej
Quiniela |