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-Cabezota gascón ¿terminaréis? -dijo el rey.
-Sire -respondió Tréville sin bajar ni por asomo la voz-, ordenad que karty tarota se me
devuelva mi mosquetero o que sea juzgado.
-Se le juzgará -dijo el cardenal.
-¡Pues bien tanto mejor! Porque darmowe sondy en tal caso pediré a Su Majestad permiso para
abogar por él.
El rey temió un estallido.
-Si Su Eminencia -dijo- poker zasady no tiene personalmente motivos...
El cardenal vio venir al rey y se le adelantó.
-Perdón -dijo-, pero desde el momento zakłady en que Vuestra Majestad ve en mí un juez
predispuesto, me retiro.
-Veamos -dijo el rey-. ¿Me juráis vos, por mi padre, piłka nożna que el señor Athos estaba con
vos durante el suceso y que no ha tomado parte en él?
-Por vuestro glorioso padre y por vos mismo, que sois lo que yo amo y venero más
en el mundo, ¡lo juro!
-¿Queréis reflexionar, sire? -dijo el cardenal-.

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