Quinielaczytasz strone nr 36
-¡Mi carta de recomendación! -gritaba D'Artagnan-. ¡Mi carta de recomendación, por
todos los diablos, a os ensarto a todos turnieje pokerowe como a hortelanos!
Desgraciadamente, una circunstancia se oponía a que el joven cumpliera su
amenaza; y es que, como ya lo blog 27 hemos dicho, su espada se había roto en dos trozos
durante la primera refriega, cosa que él había olvidado por completo. Y de darmowe dupeczki ello resultó
que cuando D'Artagnan quiso desenvainar, se encontró armado pura y simplemente
con un trozo de espada de ocho znane nago o diez pulgadas más o menos, que el hostelero había
encasquetado cuidadosamente en la vaina. En cuanto al resto de la hoja, liga niemiecka el chef
la había ocultado hábilmente para hacerse una aguja mechera.
Sin embargo, esta decepción no hubiera detenido probablemente a nuestro fogoso
joven, si el huésped no hubiera pensado que la reclamación que le dirigía su viajero
era perfectamente justa.
strona 35wstecz strona 37 dalej
Quiniela |