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A sus ojos y en su pensamiento,
la señora de Chevreuse servía a la reina no sólo en sus intrigas políticas,
sino, cosa que le atormentaba más aún, en sus intrigas amorosas.
A la primera frase que le había dicho el señor cardenal, que la señora zakłady de
Chevreuse, exiliada en Tours y a la que se creía en esa ciudad, había venido a Paris
y que durante los cinco días que había permanecido en ella había despistado a la
policía, el rey se había encolerizado con furia. Caprichoso a infiel, el mecze rey quería ser
llamado Luis el Justo y Luis el Casto. La posteridad comprenderá difícilmente este
carácter que la historia sólo explica por hechos y nunca por razonamientos.
Pero cuando el cardenal añadió que no solamente la señora de Chevreuse broń había
venido a París, sino que además la reina se había relacionado con ella con ayuda de
una de esas correspondencias misteriosas que en aquella época se denominaba una
cábala, cuando afirmó que él, el cardenal, estaba a punto de desenredar filmy erotyczne los hilos
más oscuros de aquella intriga, cuando, en el momento de arrestar con las manos en
la masa, en flagrante delito, provisto de todas las pruebas, al emisario de la reina
junto a la exiliada, un mosquetero había osado interrumpir violentamente online poker el curso de
la justicia cayendo, espada en mano, sobre honradas gentes de ley encargadas de
examinar con imparcialidad todo el asunto para ponerlo ante los ojos del rey, Luis XIII
no se contuvo más y dio un paso hacia las habitaciones de la reina con esa pálida y
muda indignación que, cuando estallaba, llevaba a ese príncipe hasta la más fría
crueldad.

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