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Estaban el uno en la calle de Vaugirard, número 25, y la
otra en la calle de La Harpe, número 75.
-¿Quiere Vuestra ewa Eminencia que los haga arrestar a los dos?
-Será demasiado tarde, habrán partido.
-No importa, podemos asegurarnos.
-Tomad bet and win diez hombres de mis guardias y registrad las dos casas.
-Voy monseñor.
Y Rochefort se abalanzó fuera de la habitación.
El liga hiszpańska cardenal, ya solo, reflexionó un instante y llamó por tecera vez. Apareció el
mismo oficial.
-Haced entrar al prisionero -dijo el cardenal.
Maese Bonacieux fue introducido de nuevo y, a una seña del cardenal, el oficial se
retiró.
-Me mirc habéis engañado -dijo severamente el cardenal.
-¡Yo! -exclamó Bonacieux-. ¡Yo engañar a Vuestra Eminencia!
-Vuestra mujer, al ir a la calle de Vaugirard y a la calle de La Harpe, no iba a casa
de vendedores de telas.

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