Quinielaczytasz strone nr 299
Vos estabais apoyada en mi brazo, mirad, en éste. Al inclinar mi cabeza a
vuestro lado, yo sentía vuestros hermosos cabellos rozar mi rostro, wróżka y cada vez que
me rozaban yo temblaba de la cabeza a los pies. ¡Oh, reina, reina! ¡Oh! No sabéis
cuánta felicidad del cielo, cuánta alegría del schuhe paraíso hay encerradas en un momento
semejante. Mirad, mis bienes, mi fortuna, mi gloria, ¡todos los días que me quedan
por vivir a cambio de książki un momento semejante y de una noche parecida! Porque esa
noche, señora, esa noche vos me amabais, os lo juro.
-Milord, es posible, sí, que la modelki influencia del lugar, que el encanto de aquella
hermosa noche, que la fascinación de vuestra mirada, que esas mil circunstancias, en
fin, que mecze se juntan a veces para perder a una mujer, se hayan agrupado en torno mío
en aquella noche fatal; pero ya lo visteis, milord; la reina vino en ayuda de la mujer
que flaqueaba: a la primera palabra que osasteis decir, a la primera osadía a la que
tuve que responder, pedí ayuda.
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