Quinielaczytasz strone nr 234
No tardaron en oírse gritos, luego gemidos que se trataban de ahogar. En cuanto al
interrogatorio, no se trataba de eso.
-¡Diablos! -se dijo D'Artagnan-. Me parece que es una mujer: la registran, ella
resiste, la violentan, ¡miserables!
Y D'Artagnan, pese zasady gry w pokera a su prudencia, se contenía para no mezclarse en la escena
que ocurría debajo de él.
-Pero si os digo que soy la dueña de doda la casa, señores; os digo que soy la señora
Bonacieux; los digo que pertenezco a la reina! -gritaba la desgraciada mujer.
-¡La jenny frost nude señora Bonacieux! -murmuró D'Artagnan-. ¿Seré lo bastante afortunado para
haber encontrado lo que todo el mundo busca?
-Precisamente włoska a vos estábamos esperando -dijeron los interrogadores.
La voz se volvió más y más ahogada: un movimiento tumultuoso hizo resonar el
artesonado. La víctima se resistía tanto como una mujer puede resistir a cuatro
hombres.
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