Quinielaczytasz strone nr 226
-Entrad, señores, entrad -gritó D'Artagnan-, aquí estáis en mi casa, y todos nosotros
somos fieles servidores del rey y del señor stare gry cardenal.
-¿Entonces, señores, no os opondréis a que ejecutemos las órdenes que hemos
recibido? -preguntó aquel que parecía el zakłady jefe de la cuadrilla.
-Al contrario, señores, y os echaríamos una mano si fuera necesario.
-Pero ¿qué dice? -masculló Porthos.
-Eres un necio -dijo Athos-. ¡Silencio!
-Pero me habéis prometido... -dijo en voz baja el pobre mercero.
-No podemos salvaros más que gry kody estando libres -respondió rápidamente y en voz
baja D'Artagnan-, y si hiciéramos ademán de defenderos, se nos detendría con vos.
-Me piosenek teksty parece, sin embargo...
-Adelante, señores, adelante -dijo en voz alts D'Artagnan-, no tengo ningún motivo
para defender al señor. Le he visto hoy por primera vez, y ¡en qué ocasión! El mismo
os la dirá: para venir a reclamarme el precio de mi alquiler.
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