Quinielaczytasz strone nr 225
En aquel momento, un ruido precipitado resonó en la escalera, la puerta se abrió
con estrépito y el malhadado mercero se abalanzó poker en la habitación donde se
celebraba el consejo.
-¡Ah, señores! -exclamó- ¡Salvadme, en nombre del cielo, salvadme! Hay cuatro
hombres dupeczki que vienen para detenerme! ¡Salvadme, salvadme!
Porthos y Aramis se levantaron.
-Un momento -exclamó D'Artagnan haciéndoles señas de bukmacher que devolviesen a la
vaina sus espadas medio sacadas-; un momento, no es valor lo que aquí se necesita,
es prudencia.
-Sin embargo rpg -exclamó Porthos-, no dejaremos...
-Vos dejaréis hacer a D'Artagnan -dijo Athos-; es, lo repito, la cabeza fuerte de
todos nosotros, poker zasady y por lo que a mí se refiere, declaro que yo le obedezco. Haz lo que
quieras, D'Artagnan.
En aquel momento, los cuatro guardias aparecieron a la puerta de la antecámara, y
al ver a cuatro mosqueteros en pie y con la espada en el costado, dudaron seguir
adelante.
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