quiniela

strona 290
strona 300
strona 310
strona 320
strona 330
strona 340
strona 350
strona 360
strona 370


Quiniela

czytasz strone nr 225



En aquel momento, un ruido precipitado resonó en la escalera, la puerta se abrió
con estrépito y el malhadado mercero se abalanzó poker en la habitación donde se
celebraba el consejo.
-¡Ah, señores! -exclamó- ¡Salvadme, en nombre del cielo, salvadme! Hay cuatro
hombres dupeczki que vienen para detenerme! ¡Salvadme, salvadme!
Porthos y Aramis se levantaron.
-Un momento -exclamó D'Artagnan haciéndoles señas de bukmacher que devolviesen a la
vaina sus espadas medio sacadas-; un momento, no es valor lo que aquí se necesita,
es prudencia.
-Sin embargo rpg -exclamó Porthos-, no dejaremos...
-Vos dejaréis hacer a D'Artagnan -dijo Athos-; es, lo repito, la cabeza fuerte de
todos nosotros, poker zasady y por lo que a mí se refiere, declaro que yo le obedezco. Haz lo que
quieras, D'Artagnan.
En aquel momento, los cuatro guardias aparecieron a la puerta de la antecámara, y
al ver a cuatro mosqueteros en pie y con la espada en el costado, dudaron seguir
adelante.

strona 224wstecz
strona 226 dalej

Quiniela