Quinielaczytasz strone nr 198
En cuanto a D'Artagnan, que no conocía aún a nadie en la capital, no halló más que
un desayuno de chocolate en casa de bambapoker un cura de su región, y una cena en casa de
un corneta de los guardias. Llevó su ejército a casa del cura, a quien devoraron liga hiszpańska sus
provisiones de dos meses, y a casa del corneta, que hizo maravillas; pero, como
decía Planchet, sólo se come una vez, darmowe pewniaki aunque se coma mucho.
D'Artagnan se encontró, pues, bastante humillado por no tener mas que una
comida y media -porque website optimization el desayuno en casa del cura no podía contar más que por
media comida- que ofrecer a sus compañeros a cambio de los festines marta wiśniewska que se habían
procurado Athos, Porthos y Aramis. Se creía en deuda con la sociedad, olvidando, en
su buena fe completamente juvenil, que él había alimentado a aquella compañía
durante un mes, y su espíritu inquieto se puso a trabajar activamente.
strona 197wstecz strona 199 dalej
Quiniela |