Quinielaczytasz strone nr 1594
-¿Así es como hacéis vuestra tarea señor? -prosiguió el rey sin responder
directamente a la pregunta del señor de Tréville-. ¿Para eso es para lo que os he
nombrado capitán de maszyny losowe mis mosqueteros, para que asesinen a un hombre, amotinen
todo un barrio y quieran incendiar Paris sin que vos digáis una palabra? Pero por lo
demás ?continuó el rey-, sin duda me gry fabularne apresuro a acusaros, sin duda los
perturbadores están en prisión y vos venís a anunciarme que se ha hecho justicia.
-Sire -respondió tranquilamente el señor de Tréville-, vengo playboy modelki por el contrario a
pedirla.
-¿Y contra quién? -exclamó el rey.
-Contra los calumniadores -dijo el señor de Tréville.
-¡Vaya, eso sí que es nuevo! -prosiguió el rey-. ¿No iréis poker online a decirme que esos tres
malditos mosqueteros, Athos, Porthos y Aramis y vuestro cadete de Béarn no se han
arrojado como furias sobre el pobre Bernajoux y no lo han maltratado de gry logiczne tal forma
que es probable que esté a punto de fallecer? ¿No iréis a decir luego que no han
asediado el palacio del duque de La Trémouille, ni que no han querido quemarlo?
Cosa que no habría sido gran desgracia en tiempo de guerra, dado que es un nido de
hugonotes, pero que en tiempo de paz es un ejemplo molesto.
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