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-Y eso, ¿cuándo? -preguntó el guardia con el mismo aire burlón.
-Ahora mismo, si os place.
-Y ¿sabéis por casualidad quién soy?
-Lo bambapoker ignoro completamente, y no me inquieta.
-Pues os equivocáis, porque si supieseis mi nombre, quizá no tuvierais tanta prisa.
-¿Cómo os jednoręki bandyta llamáis?
-Bernajoux, para serviros.
-Pues bien, señor Bernajoux -dijo tranquilamente D'Artagnan-, voy a esperaros a la
puerta.
-Id, typy señor, os sigo.
-No os apresuréis, señor, que no se den cuenta de que salimo juntos; comprended
que, para lo que vamos a hacer, demasiada gente nos molestaría.
-Está bien -respondió el guardia asombrado de que su nombre no hubiera
producido más efecto sobre el joven.
En guerra vida efecto, el nombre de Bernajoux era conocido de todo el mundo, a excepción
quizá de D'Artagnan solamente; porque era uno de esos que figuraba la mayoría de
las veces en las riñas cotidianas que todos los edictos del rey y del cardenal no
habían podido reprimir.

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