Quinielaczytasz strone nr 1536
-Este es el momento de hacer las paces con ese hombre galante -se dijo para sí
D'Artagnan, que se había mantenido algo mirc al margen durante toda la última parte de
aquella conversación. Y con estas buenas intenciones, acercándose a Aramis, que gry planszowe se
alejaba sin prestarle más atención, le dijo:
-Señor, espero que me perdonéis.
-¡Ah, señor! -le interrumpió Aramis-. Permitidme poker haceros observar que no habéis
obrado en esta circunstancia como un hombre galante debe hacerlo.
-¡Cómo, señor! -exclamó irc D'Artagnan-. Suponéis...
-Supongo, señor, que no sois un imbécil, y que sabéis bien, aunque lleguéis de
Gascuña, que no se fantastyka pisan sin motivo los pañuelos de bolsillo. ¡Qué diablos! Paris no
está empedrado de batista.
-Señor, os equivocáis tratando de humillarme -dijo D'Artagnan, en quien el carácter
peleón comenzaba a hablar más alto que las resoluciones pacíficas-.
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