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¡Diablos!, debéis saber algo. ¡Arrestar mosqueteros! ¡Erais vosotros, vosotros, no lo
neguéis, os han reconocido doda y el cardenal ha dado vuestros nombres! Es culpa mía,
sí, culpa mía, porque soy yo quien elijo a mis hombres. Veamos gry vos, Aramis, ¿por
qué diablos me habéis pedido la casaca cuando tan bien ibais a estar bajo la sotana?
Y vos, Porthos, liga polska veamos, ¿tenéis un tahalí de oro tan bello sólo para colgar en él una
espada de paja? ¡Y Athos! No veo a Athos. ¿Dónde schuhe está?
-Señor -respondió tristemente Aramis-, está enfermo, muy enfermo.
-¿Enfermo, muy enfermo, decís? ¿Y de qué enfermedad?
-Temen liga niemiecka que sea la viruela, señor -respondió Porthos, queriendo terciar con una
frase en la conversación-, y sería molesto porque a buen seguro le estropearía el
rostro.
-¡Viruela! ¡Vaya gloriosa historia la que me contáis, Porthos!.

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