Quinielaczytasz strone nr 1417
D'Artagnan permaneció solo frente al cardenal; era su segunda entrevista con
Richelieu, y él confesó después que estaba czary convencido de que sería la última.
Richelieu permaneció de pie, apoyado contra la chimenea, con una mesa entre él y
D'Artagnan.
-Señor -dijo el cardenal-, habéis sido detenido por orden mía.
-Eso me han dicho, monseñor.
-¿Sabéis por qué?
-No, monseñor; broń porque la única cosa por la que podría ser detenido es aún
desconocida de Su Eminencia.
Richelieu miró fijamente al joven.
-¡Oh! książki ¡Oh! -dijo-. ¿Qué quiere decir eso?
-Si monseñor quiere decirme primero los crímenes que se me imputan, yo le diré
luego stare gry strategiczne los hechos que he realizado.
-¡Se os imputan crímenes que han hecho caer cabezas más altas que la vuestra,
señor! -dijo el cardenal.
-¿Cuáles, monseñor? -preguntó D'Artagnan con una calma que asombró al propio
cardenal.
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