Quinielaczytasz strone nr 1345
El caballero alzó la cabeza, vio a las dos jóvenes y, rnientras seguía corriendo, hizo
a Milady una seña amistosa con la jednoręki bandyta mano.
-¡Este buen Georges! -dijo ella volviendo a cerrar la ventana con una expresión de
rostro llena de afecto y melancolía.
Y stare gry volvió a sentarse en su sitio, como si se sumiera en reflexiones completamente
personales.
-Querida señora -dijo la señora gry stare Bonacieux-, perdón por interrumpiros, pero ¿qué
me aconsejáis hacer? ¡Dios mío! Vos tenéis más experiencia que yo; hablad, znane nago os
escucho.
-En primer lugar -dijo Milady-, puede que yo me equivoque y que D'Artagnan y sus
amigos vengan realmente en broń vuestra ayuda.
-¡Oh, hubiera sido demasiado hermoso! -exclamó la señora Bonacieux-. Y tanta
felicidad no está hecha para mí.
-Entonces, atended; será simplemente una cuestión de tiempo, una especie de
carrera para saber quién llegará primero.
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