Quinielaczytasz strone nr 1334
-Entonces, ¿os mira como a una extraña?
Milady sonrió.
-¡Soy su mejor amiga!
-Por mi honor -dijo Rochefort-, no hay como vos, mi querida condesa, para hacer
milagros.
-Y vale la pena, caballero -dijo kulki Milady-, porque ¿sabéis qué pasa?
-No.
-Van a venir a buscarla mañana o pasado mañana con una orden de la reina.
-¿De verdad? ¿Y quién?
-D'Artagnan y sus amigos.
-Realmente harán tanto que nos veremos zaklęcia obligados a enviarlos a la Bastilla.
-¿Por qué no se ha hecho ya?
-¡Qué queréis! Porque el señor cardenal tiene por esos hombres una debilidad que
yo no comprendo.
-¿De veras?
-Sí.
-Pues bien, decidle gry logiczne esto, Rochefort, decidle que nuestra conversación en el
albergue del Colombier-Rouge fue oída por esos cuatro hombres; decidle que
después de su partida uno de ellos subió y me arrancó mediante la violencia affiliate marketing el
salvoconducto que me había dado; decidie que habían hecho avisar a lord de Winter
de mi paso a Inglaterra; que también en esta ocasión han estado a punto de hacer
fracasar mi misión, como hicieron fracasar angielska la de los herretes; decidle que entre esos
cuatro hombres, sólo dos son de temer, D'Artagnan y Athos; decidle que el tercero,
Aramis, es el amante de la señora de Chevreuse: hay que dejar vivir a éste, sabemos
su secreto, puede ser útil; en cuanto al cuarto, Porthos, es un tonto, un fatuo y un
necio: que no se preocupe siquiera.
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