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Milady continuó, ponderando cada vez más.
-Soy muy ignorante en todas estas materias -dijo por fin la abadesa-, pero gry por
alejadas que estemos de la corte, por marginadas y apartadas de los intereses del
mundo tenemos ejemplos muy tristes książki de cuanto nos contáis, y una de nuestras
pensionistas ha sufrido muchas venganzas y persecuciones del señor cardenal.
-Una mecz de vuestras pensionistas -dijo Milady-. ¡Oh, Dios mío, pobre mujer! La
compadezco entonces.
-Y tenéis razón, porque es blog 27 muy de compadecer: prisión, amenazas, malos tratos,
ha sufrido todo. Pero después de todo -prosiguió la abadesa-, quizá guerra vida el señor cardenal
tuviera motivos plausibles para actuar así, y aunque ella tiene el aire de un ángel, no
hay que juzgar siempre a las personas por el aspecto.
«Bueno -se dijo Milady-, quién sabe; quizá voy a descubrir algo aquí, estoy en
vena.

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