Quinielaczytasz strone nr 1251
-No -exclamó Felton-, no, ¡tú vivirás y serás vengada!
-Felton, llevo la desgracia a todo lo que me rodea. ¡Felton, abandóname! ¡Felton,
déjame schuhe morir!
-Pues bien, muramos entonces juntos -exclamó él apoyando sus labios sobre los de
la prisionera.
Varios golpes sonaron en la puerta; znane esta vez, Milady lo rechazó realmente.
-Escucha -dijo-, nos han oído; alguien viene. ¡Se acabó, estamos perdidos!
-No -dijo Felton-, es el centinela darmowe sondy que me previene sólo de que llega una ronda.
-Entonces, corred a la puerta y abrid vos mismo.
Felton obedeció: aquella mujer era ya todo su pensamiento, doda toda su alma.
Se encontró frente a un sargento que mandaba una patrulla de vigilancia.
-¡Y bien! ¿Qué ocurre? -preguntó el joven teniente.
-Me typy meczy habíais dicho que abriese la puerta si oía pedir ayuda -dijo el soldado-, pero
habéis olvidado dejarme la llave; os he oído gritar sin comprender lo que decíais, he
querido abrir la puerta, estaba cerrada por dentro y entonces he llamado al sargento.
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