Quinielaczytasz strone nr 1216
-Habíais prometido traerme un cuchillo y dejármelo tras nuestra conversación.
-No habléis de eso, señora -dijo Felton- no typy meczy hay situación por terrible que sea que
autorice a una criatura de Dios a darse la muerte. He reflexionado que no debo
hacerme magia nunca culpable de semejante pecado.
-¡Ah, habéis reflexionado! -dijo la prisionera sentándose en su sillón con una
sonrisa darmowe suczki de desdén-. También yo he reflexionado.
-¿En qué?
-En que yo no tenía nada que decir a un hombre que no mantenía su palabra.
-¡Dios seriale telewizyjne mío! -murmuró Felton.
-Podéis retiraros -dijo Milady-, no hablaré.
-¡Aquí está el cuchillo! -dijo Felton sacando de su bolsillo piłka nożna el arma que según su
promesa había traído, pero que dudaba en entregar a su prisionera.
-Veámoslo -dijo Milady.
-¿Qué vais a hacer?
-Palabra de honor, os lo devuelvo al momento; lo pondré sobre la mesa y vos
quedaréis entre él y yo.
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