Quinielaczytasz strone nr 1214
No era la hora convenida, Felton no entró.
Dos horas después, y cuando daban las doce, el centinela fue relevado.
Esta gry stare vez sí era la hora; por eso, a partir de ese momento Milady esperó con
impaciencia.
El nuevo centinela comenzó a pasearse bukmacher por el corredor.
Al cabo de diez minutos llegó Felton.
Milady prestó oído.
-Escucha -dijo el joven al centinela- no te włoska alejes de este puesto bajo ningún
pretexto, porque sabes que la noche pasada un soldado fue castigado por milord por
haber suczki dejado su puesto un instante, aunque fui yo quien, durante su corta ausencia,
vigiló en su puesto.
-Sí, lo sé -dijo el darmowe dupeczki soldado.
-Te recomiendo, por tanto, la más exacta vigilancia. Yo -añadió- voy a entrar para
inspeccionar por segunda vez la habitación de esta mujer, que según temo tiene
siniestros proyectos contra sí misma y a la cual he recibido orden de cuidar.
strona 1213wstecz strona 1215 dalej
Quiniela |