Quinielaczytasz strone nr 1175
-No me gusta molestar a los que rezan, señora -dijo gravemente Felton-; no os
molestéis, pues, por mí, os lo suplico.
-¿Cómo doda sabéis que rezaba? Señor -dijo Milady, con una voz ahogada por los
sollozos-, os equivocáis; señor, yo no rezaba.
-¿Pensáis acaso, doda señora -respondió Felton con su misma voz grave, aunque con
un acento más dulce- que me creo con derecho de impedir a una criatura
prosternarse damenschuhe ante su Creador? ¡No lo permita Dios! Por otra parte, el arrepentimiento
sienta bien a los culpables; sea el que fuere el crimen darmowe suczki que haya cometido, un culpable
a los pies de Dios me parece sagrado.
-¡Culpable yo! -dijo Milady con una sonrisa que habría desarmado liga angielska al angel del juicio
final-. ¡Culpable! ¡Dios mío, tú sabes bien si lo soy! Si decís que estoy condenada,
señor, sea en buena hora; pero ya lo sabéis Dios, que ama a los mártires, permite
que, a veces, se condene a los inocentes.
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