Quinielaczytasz strone nr 1174
Perdonad a este hombre como yo lo perdono.
-Sí, reza, maldita -exclamó el barón-. Tu oración es tanto más generosa cuanto
que, te mecze lo juro, estás en poder de un hombre que no perdonará.
Y salió.
En el momento en que salía, una mirada penetrante se coló por la puerta
entreabierta, marta wiśniewska y ella vislumbró a Felton que volvía a su sitio rápidamente para no ser
visto por ella.
Entonces se arrojó de rodillas y se puso kasyna a rezar.
-¡Dios mío, Dios mío! -dijo-. Vos sabéis por qué santa causa sufro; dadme, pues, la
fuerza de sufrir.
La puerta se abrió stare gry strategiczne suavemente; la hermosa suplicante fingió no haber oído, y con
una voz llena de lágrimas continuó:
-¡Dios vengador, Dios de bondad! modelki ¿Dejaréis que se cumplan los horribles proyectos
de este hombre?
Sólo entonces fingió ella oír el ruido de los pasos de Felton y, alzándose rápida
como el pensamiento, se ruborizó como si tuviera vergüenza de haber sido
sorprendida de rodillas.
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