Quinielaczytasz strone nr 1167
Milady pudo por tanto juzgar el efecto que
había producido.
Entonces ella continuó su canto con un fervor y gratis poker un sentimiento inexpresables; le
pareció que los sonidos se desparramaban a lo lejos bajo las bóvedas a iban como
un darmowe erotyczne filmy encanto mágico a dulcificar el corazón de sus carceleros. Sin embargo, parece
que el soldado de centinela, celoso znane nago católico sin duda, agitó el encanto, porque a
través de la puerta dijo:
-¡Callaos, señora! Vuestra canción es typowanie triste como un De profundis, y si además de
estar de guardia aquí hay que oír cosas semejantes, no habrá quien gry aguante.
-¡Silencio! -dijo una voz grave que Milady reconoció como la de Felton-. ¿A qué os
mezcláis, gracioso? ¿Os ha ordenado alguien impedir cantar a esta mujer? No. Se os
ha ordenado custodiarla, disparar sobre ella si intenta huir.
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