Quinielaczytasz strone nr 1166
Temía, por tanto, verla con demasiada frecuencia.
Se volvió hacia la pared para sonreír, porque en esa sonrisa había tal expresión seriale de
triunfo que esa sola sonrisa la habría denunciado.
Aún dejó transcurrir media hora, y como en aquel momento todo estaba en silencio
en gry el viejo castillo, como no se oía más que el eterno murmullo del oleaje, esa
respiración inmensa del océano, con su voz pura, armoniosa katalog stron firm y vibrante comenzó la
primera estrofa de este salmo que gozaba entonces de gran favor entre los puritanos:
Señor, si nos abandonas
es doda para uer si somos fuertes,
mas luego eres tú quien das
con tu celeste mano la palma a nuestros esfuerzos.
Estos versos no eran excelentes, les faltaba incluso mucho para serlo; mas como
todos saben, los protestantes no se las daban de poetas.
Al cantar, Milady escuchaba: el soldado de guardia a su puerta se había detenido
como si se hubiera convertido en piedra.
strona 1165wstecz strona 1167 dalej
Quiniela |