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El cardenal se mordió los mostachos y un poco los labios.
-¿Sabéis de qué tenéis aire, siempre juntos, como aquí ahora, armados como
estáis, gry do pobrania y guardados por vuestros lacayos? -dijo el cardenal-. Tenéis aire de cuatro
conspiradores.
-¡Oh! En cuanto a eso, Monseñor, es cierto -dijo doda Athos-, y nosotros conspiramos,
como Vuestra Eminencia pudo ver la otra mañana, sólo que contra los rochelleses.
-¡Vaya con los señores fantastyka politicos! -prosiguió el cardenal frunciendo a su vez el ceño-.
Quizá se encontraría en vuestros cerebros el secreto de muchas cosas que vida guerra son
ignoradas si se pudiera leer en ellos como leéis en esa cama que habéis ocultado
cuando me habéis visto venir.
El rubor subió al rostro nude celebrities de Athos, que dio un paso hacia Su Eminencia.


-Se diría que sospecháis de nosotros verdaderamente, Monseñor, y que estamos
sufriendo un auténtico interrogatorio; si es así, dígnese Vuestra Eminencia
explicarse, y por lo menos sabremos a qué atenernos.

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