Quinielaczytasz strone nr 1110
Los ojos de Milady lanzaban tales destellos que, aunque él fuera hombre y armado
ante una mujer desarmada, sintió el frío del miedo deslizarse hasta el fondo de su
alma; no por ello stiefel dejó de continuar, con un furor creciente:
-Sí, comprendo, después de haber heredado de mi hermano, os habría sido dulce
heredar de mí; pero, sabedlo de antemano, podéis matarme o hacerme fantastyka matar, mis
precauciones están tomadas, ni un penique de cuanto poseo pasará a vuestras
manos. ¿No sois lo bastante rica, vos, que poseéis cerca de un millón, y no podéis
deteneros en gry kody vuestro camino fatal si no hacéis el mal más que por el goce infinito y
supremo de hacerlo? Mirad: os aseguro que si la memoria de mi hermano no fuera
sagrada iríais a pudriros en un ewa sonnet calabozo del Estado o a saciar en Tyburn la curiosidad
de los marineros; me callaré, pero vos soportaréis tranquilamente vuestra cautividad;
dentro de quince o veinte días parto para poker zasady La Rochelle con el ejército; pero la víspera
de mi partida vendrá a recogeros un bajel, que yo veré partir y que os conducirá a
nuestras colonias del Sur; y estad tranquila, os uniré un compañero que os levantará
la tapa de los sesos a la primera tentativa que arriesguéis por volver a Inglaterra, o al
continente.
strona 1109wstecz strona 1111 dalej
Quiniela |