Quinielaczytasz strone nr 1036
-Pues me parece -dijo Porthos- que también yo tengo una idea.
-¡Silencio para la idea de Porthos! -dijo Aramis.
-Yo le pido permiso al señor ewa sonnet de Tréville, bajo algún pretexto que vos encontraréis:
yo no soy fuerte en eso de los pretextos, Milady no me conoce, me acerco a ell a sin
que suczki sospeche de mí y, cuando encuetre una ocasión, la estrangulo.
-¡Bueno -dijo Athos-, no estoy muy lejos de adoptar la idea de Porthos!
-¡Qué va! znane nago -dijo Aramis-. ¡Matar a una mujer! No, mirad, yo tengo la idea buena.
-¡Veamos vuestra idea, Aramis! -pidió Athos, que sentía mucha deferencia gry por el
joven mosquetero.
-Hay que prevenir a la reina.
-¡A fe que sí! -exclamaron juntos Porthos y D'Artagnan-. Creo que estamos dando
en el gry sportowe blanco.
-¿Prevenir a la reina? -dijo Athos-. ¿Y cómo? ¿Tenemos relaciones en la corte?
¿Podemos enviar a alguien a Paris sin que se sepa en el campamento? De aquí a
Paris hay ciento cuarenta leguas: la carta no habrá llegado a Angers cuando estemos
ya en el calabozo.
strona 1035wstecz strona 1037 dalej
Quiniela |