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Llegados al pie del bastión, los enemigos eran todavía doce o quince; una última
descarga los acogió, pero no los detuvo: saltaron al foso dupeczki y se aprestaron a escalar la
brecha.
-¡Vamos; amigos míos! -dijo Athos-. Terminemos de un golpe: ¡a la muralla, a la
muralla!


Y los włoska cuatro amigos, secundados por Grimaud, se pusieron a empujar con el cañón
de sus fusiles un enorme lienzo de muro que se inclinó como si liga włoska el viento lo arrastrase,
y desprendiéndose de su base cayó con horrible estruendo en el foso; luego se oyó
un gran grito, una nube de polvo włoska subió hacia el cielo, y eso fue todo.
-¿Los habremos aplastado desde el primero hasta el último? -preguntó Athos.
-A fe que eso me parece sportingbet -dijo D'Artagnan.
-No -dijo Porthos-, ahí hay dos o tres que escapan cojeando.
En efecto, tres o cuatro de aquellos desgraciados, cubiertos de barro y de sangre,
huían por el camino encajonado y ganaban de nuevo la ciudad: era todo lo que
quedaba de la tropilla.

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