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Capítulo XLVI
El bastión Saint-Geruais
Al llegar donde sus tres amigos, D'Artagnan los encontró reunidos en la czary misma
habitación: Athos reflexionaba, Porthos rizaba su mostacho, Aramis decía sus
oraciones en un encantador librito sportingbet de horas encuadernado en terciopelo azul.
-¡Diantre, señores! -dijo-. Espero que lo que tengáis que decirme valga angielska la pena; en
caso contrario os prevengo que no os perdonaré haberme hecho venir en lugar de
dejarme descansar después jednoręki bandyta de una noche pasada conquistando y desmantelando un
bastión. ¡Ah, y que no estuvierais allí, señores! ¡Hizo buen calor!
-¡Estábamos piosenek teksty en otro lado donde tampoco hacía frío! -respondió Porthos haciendo
adoptar a su mostacho un rizo que le era particular.
-¡Chis! -dijo Athos.
-¡Vaya! -dijo D'Artagnan comprendiendo el ligero fruncimiento de ceño del
mosquetero-.

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